
El genocidio en Xalatlaco: la herida histórica que el pueblo se niega a olvidar
Xalatlaco guarda en su memoria una de las páginas más dolorosas de la Revolución Mexicana. El 7 de mayo de 1916, en medio del conflicto armado entre fuerzas constitucionalistas y zapatistas, el pueblo fue víctima de una estrategia militar de “arrasa y quema” que dejó destrucción, exilio y cientos de muertes.
De acuerdo con relatos históricos, ante la imposibilidad de derrotar a las fuerzas zapatistas encabezadas por el general Venustiano Carranza y combatidas por el general zapatista Regino Vega Laudino, las tropas carrancistas ordenaron incendiar viviendas, cultivos y reservas alimenticias de Xalatlaco, con el objetivo de cortar el apoyo civil a la guerrilla.
El testimonio de Apolonio Flores describe la magnitud de la tragedia. Desde San Pedro Tlaltizapán, recordó haber visto durante varios días la enorme humareda provocada por la quema de casas, solares, milpas y depósitos de maíz y haba, recursos fundamentales para la alimentación de la población y de los combatientes zapatistas.
Historiadores consideran que esta acción no solo buscó debilitar militarmente al movimiento rebelde, sino también desarticular socialmente a la comunidad mediante el hambre y el desplazamiento forzado de sus habitantes.
Las cifras poblacionales reflejan el impacto devastador de aquellos hechos. Según el censo de 1910, Xalatlaco contaba con 5 mil 419 habitantes, en su mayoría población indígena hablante de náhuatl. Para 1922, tras años de guerra, violencia, enfermedades y exilio, la cifra descendió a 2 mil 510 pobladores, incluyendo a quienes nacieron durante ese periodo.
Especialistas y habitantes consideran que esta disminución representa una de las mayores tragedias demográficas registradas en la región durante la Revolución Mexicana, una historia que durante décadas permaneció poco visibilizada en la narrativa oficial.
Hoy, a más de un siglo de distancia, pobladores de Xalatlaco continúan recordando aquellos hechos como parte fundamental de la memoria histórica del municipio, con el objetivo de dignificar a las víctimas y preservar el recuerdo de una comunidad que resistió pese a la devastación.

